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domingo, 29 de agosto de 2010

LA MUERTE DE LOS GATOS

Lloro por tu llanto, sufro por tu sufrimiento, lamento tu pesar por la muerte de tu gata, tan pronta, demasiado pronto, tu gata querida, precedida por una desgracia tan grande, tan rotunda, tan insoportable, una terrible sucesión de muertes y desgracias que no pueden casi ser realidad; lloro por tu llanto, L, y no puedo dejar de hacerlo; lloro por todos los gatos muertos y lloro por todos los que han perdido a sus gatos, y lloro por todos los que no han sabido entenderlo y lloro porque no tiene sentido, lloro por lo cruel que es la bella naturaleza, lloro por cómo se puede torcer todo en un día, en unos días, en una semana, una semana negra que estará siempre en tu vida y que no te impedirá amar a los gatos como lo haces sino que, por el contrario, aumentará tu pasión por ellos y tu dedicación y tu bondad y tu deseo de ayudarles y darles la vida aunque a veces la naturaleza juegue al ajedrez con nosotros y nos envíe el jaque mate letal, aunque forme hipérbaton (o era pleonasmo; ya no me acuerdo ni me importa porque no creo que en este caso sea ninguna figura literaria).


Busco en internet algo que te ayude; leo consejos sobre las fases del duelo y me entran ganas de imprimirlos para hacer con los papeles bolas y tirar éstas a la papelera, con rabia.


Vivirá en tu recuerdo; será inmortal como Soseki, que se me viene a la memoria y me siento frívola por comparar tu terrible historia real con un libro e, inmediatamente, me acuerdo de que el libro se basa en la historia real del gato Soseki, libro que tanto me gustó; y pongo Telemadrid y ahí está Sánchez Dragó como por arte de magia, hablando con su invitado, Villena, o Cuenca, que ya ni me acuerdo de su nombre tampoco ni me importa; hoy sólo me acuerdo de ti y de tus gatos. No puedo ni escucharlo; he intentado entretenerme y no he podido, ¡cómo estarás tú!


Ella descansa en paz y no sufrirá más, tuvo una vida feliz, no sólo digna sino la que una diosa como ella debe haber tenido y lo sabía, te lo agradece desde donde esté, si es que está en algún sitio, y no quiere verte sufrir, pero lo harás, lo harás, y yo lloro por ello.


Ahora con Sánchez Dragó hablan de Jaime Gil de Biedma y de resucitar al difunto, y no quiero escuchar.


Lloro tu llanto, L, y te acompaño si no en el sentimiento, que es tuyo y único, sí en el hecho de estar a tu lado para que cuentes conmigo siempre que lo quieras, necesites o desees.


Mi más sincero y sentido pésame, queridísima L.




Se fue en busca de los chiquitines...